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viernes, 27 de abril de 2012

Tu dolor es real... y puedes hablar de eso. El trauma sexual y la etapa perinatal

Escrito por Cielymar González Morales
Líder LLL, Doula de Parto y Posparto, Educadora Perinatal
cielygonzalez@gmail.com


“Comencé a tener pesadillas del abuso durante mi embarazo… Ya había ido a un terapista para trabajar con lo del abuso, hace ocho años atrás. Era extremadamente frustrante para mí tener que lidiar con estas cosas otra vez” – historia de Lanie

“Cuando mi hijo tenía 3 semanas de nacido, las memorias empezaron a llegar. Empezaron despacio, pero cada vez fueron desencadenándose más rápidamente en mi vida. Mi maravilloso doctor me dio una tarjeta, en una de nuestras numerosas visitas, diciéndome que él entendía que estas personas me podían ayudar. Aparentemente, él se dio cuenta de que algo estaba sucediendo que yo no le podía contar… Él vio los síntomas, aun cuando no le había hablado de mi historia o de lo que estaba sufriendo. No tenía idea a qué él se refería, pero decidí que tenía razón.  Resulta que “estas personas” tenían una organización para sobrevivientes de abuso. Con su ayuda, me uní a un grupo de apoyo y utilicé el libro The Courage to Heal” – historia de Joanna

“Quería un parto natural y lactar a mi hijo, pero el sistema intervino y sin darme cuenta, volví a convertirme rápidamente en una víctima…  Mi habilidad para confiar en mí y saber qué era lo mejor para mi hijo y para mí, fue menospreciado por la profesión médica.” – historia de Stephanie

(Extractos del libro Survivor Moms:  Women’s Stories of Birthing, Mothering and Healing after Sexual Abuse, de Sperlich & Seng, 2008)



     El mes de abril es el Mes de la Concienciación sobre el Abuso Sexual. Una de cada cuatro mujeres es víctima de algún tipo de abuso o ataque sexual en su vida, ya sea de forma física, psicológica o verbal.  No todas lo reconocen como tal y no todas lo recuerdan, particularmente si ocurrió bien temprano en su vida. Esto, y la vergüenza y el miedo que experimentan las que sí están conscientes de lo que ocurrió, lleva a que más del 60% de las víctimas no reporten, aun cuando más del 90% de las víctimas conocen a su atacante. Pero, el no reportar o el no reconocer que algo traumático ocurrió en tu vida, no evita que los efectos del trauma se presenten.

     El dolor de este trauma es genuino. Como sobreviviente de un trauma puede que en ocasiones parezca que reaccionas de forma exagerada a ciertas situaciones o eventos, pero es importante reconocer que estas reacciones no son al suceso actual, sino al recuerdo que despiertan los mismos en nuestra memoria más profunda. El dolor del trauma es intrusivo. Puede que una situación, evento, olor, sonido, sensación en tu cuerpo, despierte esa memoria guardada en el momento menos apropiado o sin sentido alguno, dejando un mal sabor en tu vida. A estos, les llamamos detonadores.

     La etapa perinatal, el embarazo, parto y posparto, pueden estar llenos de estos detonadores debido a su carácter tan íntimo y sexual. Si se desencadenan en alguna de estas etapas, pueden causar dificultades y problemas,  no solo a la persona que los sufre, sino al personal de cuidado perinatal que la rodea. El detonador puede despertar mecanismos de defensa que fueron utilizados en el momento del abuso, que pueden resultar ser los más inapropiados para la situación real y actual en la que se encuentra la madre.


     Una vez se reconoce que existe un problema relacionado a un trauma, puede que como sobreviviente, requieras ayuda, terapias y tratamientos de salud mental. Este cuidado solo puede proveerlo personal adiestrado en este área.  Pero fuera de las puertas de esas oficinas, en la vida cotidiana, el apoyo para seguir adelante y el obtener la información que se necesita para tomar decisiones en la etapa perinatal, puede ser tan o más importante.

     Un psicólogo, terapista o especialista en salud mental no necesariamente tenga la facilidad para obtener información sobre tratamientos y cuidados prenatales. Puede que no tenga el conocimiento sobre el tema para contestar todas las dudas, o el tiempo para dar el seguimiento y la asesoría en estos temas entre las citas. Los médicos, en su mayoría, tampoco cuentan con el tiempo para contestar todas las dudas o preguntas que puedan surgir. En ocasiones, incluso, carecen del tacto y la paciencia para preparar al paciente para cada intervención y tratamiento. 

     Esta falta de conocimiento sobre el proceso y sobre las opciones, que de entrada puede ser incómodo para cualquier embarazada, puede ser devastador y re-traumatizante para una sobreviviente de trauma sexual. Es aquí donde entran en función otros profesionales de servicios asociados a la salud maternal: los educadores y las educadoras perinatales, las doulas, las Líderes de La Liga de La Leche, las IBCLCs y otros consultores y consultoras de parto y/o lactancia. Estos profesionales, aunque no necesariamente han recibido un entrenamiento específico en el manejo de víctimas y/o sobrevivientes de trauma, en su mayoría están preparados y entrenados para trabajar con tacto y paciencia. Puede que este profesional cuente con una preparación más holística, donde el conocimiento de las respuestas fisiológicas, las emocionales y psicológicas se enlazan y ayudan a dar un entendimiento más completo de los problemas y miedos que afligen a las mujeres durante esta etapa tan importante de sus vidas.

     Es común pensar que si expresamos miedos, pensamientos o ideas negativas sobre nuestras vidas, en particular si es sobre el embarazo o el parto, será mal visto por los demás; que es una señal de debilidad y/o de inhabilidad para ser personas responsables o ser buenos padres. Después de todo, la cultura popular nos dice que esta etapa debe ser de total regocijo y preparación, que debe ser todo para esa nueva criatura y que nada más debe importarnos tener un ser saludable en nuestros brazos. 

     El no pedir o recibir ayuda, puede como mínimo, convertir el parto y la maternidad en una etapa desagradable de la vida. Ignorar el dolor emocional puede llevarte a proyectarlos físicamente, causando un embarazo de alto riesgo y/o un parto traumático; puede hacerte vulnerable a otros abusos, que tal vez podrían evitarse al sentir que no tienes el control de tu vida y de tu cuerpo; puede causarte problemas psicológicos, como depresión y psicosis posparto, más propensa a abusos de sustancias o a hacerte daño.  Tus niveles de tolerancia y paciencia se afectan, haciéndote excesivamente sensible y volátil o excesivamente insensible y negligente, afectando el apego con la familia, con los hijos, con la criatura que está por nacer. Esto no quiere decir que tienes que salir corriendo a la calle y expresar al primer extraño tus problemas (aunque a veces aparece un extraño sensible que nos guía en la dirección correcta), sin embargo, manifestar abiertamente a otra persona lo que te ocurre, abre las puertas a que recibas respuestas negativas y positivas.  Es importante, como sobreviviente, elegir cuidadosamente con quién hablar, para que así te sientas lo suficiente segura como para hacer la confesión y aumentar las probabilidades de recibir una respuesta que sea de ayuda y no de más dolor.  A veces solo toma intentarlo más de una vez; entrevistar e indagar sobre si “x” o “y” proveedor pueda ser la persona adecuada. El proceso puede ser más complejo o más doloroso de lo que esperamos, pero los beneficios a largo plazo, valdrán la pena.  Atrévete a romper ese silencio.


Nota: Al comenzar la escritura de este artículo, pensé en dirigirlo a los profesionales de salud, pero determiné que es difícil ayudar a alguien que no pide o desea ayuda, es por esto que fue redirigido a las posibles sobrevivientes. Exhorto a los profesionales a que busquen más información sobre como ser agente de ayuda para estas mujeres, es importante para la salud de las mismas y la satisfacción con nuestros servicios.  A continuación, algunos recursos. Para más información o una lista más extensa de recursos, también puede comunicarse con esta servidora.






  
http://www.asafepassage.info/intro.shtml

martes, 27 de marzo de 2012

De mujeres que acompañan y mujeres acompañadas

Escrito por Tania M. De Jesús Laboy
Doula de Parto y Posparto, Educadora en Lactancia

    
     Ya finaliza la Semana Mundial de la Doula. Y parecería ilógico escribir sobre nuestra labor ahora, pero como con toda fecha conmemorativa, no hay razón para resaltar nuestra labor durante una sola semana. Para empezar a hablar de la profesión de la doula o acompañante de parto (que no es el único rol, pero por eso es más reconocida) hay que hablar del antes. La palabra “doula”, de origen griego, se refiere a una mujer que sirve a un hombre u otra mujer. Hoy, aunque bien es cierto que seguimos sirviendo, lo hacemos de otra manera; una doula es una mujer (pero bien pudiera ser un hombre) que sirve a otra mujer durante el embarazo, el parto y el posparto. Y cuando decido usar el verbo “servir”, quiero decir que está a la disposición de, que ayuda. Ayuda, además, en el proceso de educación de la familia entera al brindarles información útil y basada en evidencia científica, que los llevará a decidir qué tipo de parto desean tener y qué esperar del proceso.  Pero más importante, la doula está presente siempre para aconsejar, alentar, apoyar y ayudar a preservar la memoria del parto.

     Todo esto puede parecer como algo nuevo e innecesario, pero la realidad es que las mujeres embarazadas siempre habían estado acompañadas, hasta que algunas sociedades comenzaron a tratar el parto como una enfermedad, dejando a un lado el evento familiar que verdaderamente es. Y por considerarlo una enfermedad, lo movieron al hospital, y por ocurrir en el ambiente hospitalario, la familia ya no pudo participar. En estos casos, la mujer se quedó sola; sola, acostada, amarrada, drogada y ausente. En unas pocas décadas, lograron que la mujer olvidara que fisiológicamente, su cuerpo está preparado para cargar otra vida, parir sin complicaciones y alimentar sin malnutrir. Y todo esto se realizó sin que se considerara como acto de violencia contra otros sujetos -y hablo en plural porque hay dos vidas directamente involucradas: una es adulto y la otra es infante.

     Por eso renace la doula como profesional. Porque no todas las mujeres de esta sociedad tienen cerca a mujeres sabias que las acompañen en el camino hacia la maternidad. Porque no todas saben que la maternidad no es ni un obstáculo ni una debilidad. Porque no todas conocen sus derechos o cómo defenderlos. Porque no todas saben que pueden escoger cómo y dónde parir. Porque no todas saben que no tienen por qué estar solas. En Puerto Rico, la situación no es muy diferente y por eso, también hay doulas que acompañamos a la mujer que quiere dar a luz tanto en el hogar como en el hospital. Y es en el ambiente hospitalario donde más falta hace nuestro trabajo, para ayudar a la mujer a encontrar su fuerza, para que ocurran más partos respetados y menos violentados, para que nuestros y nuestras hijas nazcan de forma gentil, para que la mujer no sea víctima de violencia en un momento que debería ser de dicha y paz.

     En el 2006, se aprobó la Ley 156 de acompañamiento durante el trabajo de parto, nacimiento y posparto con el fin de proteger a la madre y al bebé física, biológica y psicológicamente en el momento del parto. Esta ley debe proteger los siguientes derechos:

  • Ser informada sobre las distintas intervenciones médicas que se pudieran realizar para poder escoger, de haber otras alternativas
  • Ser tratada con respeto durante todo el proceso
  • Tener un parto natural como primera alternativa al evitar prácticas y medicamentos sin una justificación médica
  • Ser informada del progreso del parto, su estado de salud y el de su bebé durante todo el proceso
  • Ser informada de cualquier intervención con propósito investigativo y requerir su consentimiento por escrito antes de realizarla
  • Estar acompañada durante todo el proceso por quien ella escoja, sea su pareja, un familiar, amistad o doula y sin la necesidad de tomar alguna clase o preparación para el parto
  • No ser intimidada en ningún momento, durante todo el proceso
  • Tener consigo a su hijo o hija en todo momento mientras permanezca en el hospital
  • Ser informada sobre la importancia de lactar
  • Ser informada sobre la Ley 79, que prohíbe que se alimente al bebé con cualquier sustituto de la leche materna (fórmula o glucosa, por ejemplo)

     Lamentablemente, son demasiadas las instituciones hospitalarias que no cumplen con la Ley 156 y las mujeres continúan siendo víctimas de otro tipo de violencia sin saberlo. Esta semana termina, pero nosotras, las doulas, recordamos todos los días el hermoso rito de paso que es el parto y los actos violentos que día a día lo atropellan.

     A continuación presentamos un video sobre el acompañamiento durante el parto. Es parte de una colaboración entre la  iniciativa de prevención de cesáreas inne-CESAREA.org y la Red de Doulas de Puerto Rico.